Entradas

Mostrando entradas de noviembre, 2012

SE NOTA LA DIFERENCIA

Yo soy de esas personas que cree que mi país es lindo (aún). Pero a veces (como el 99% de los días) me despierto como hoy, pensando que vivo en una selva tercermundista en donde la desigualdad es notoria, es decir, todo tipo de diferencia se nota, y ante cualquier intento de recorte de brechas, salta algún cavernícola a pegotearse el paseo.  Daría la impresión de que en Colombia la gente aún cree que nuestro género, nuestra preferencia sexual, nuestra religión, o el lugar en donde me haga el huequito para ponerme el aretico, son diferencias. Solo impresión. Pero díganme ustedes: ¿cómo le explica uno a un viejito ignorante que, precisamente, a mí no me interesan SUS preferencias sexuales? A mi no me importa si a él le da asco el sexo ajeno, ni me importa si “ entre mujeres” si le gusta, porque es que a mi no me gusta. Pero tampoco me gusta con un tipo que no me gusta ¿Me explico? Porque es que eso… ¿a quién le importa? ¡Es una chimba hablar de sexo! pero en la mesa del ...

DOS INVITACIONES

A veces la cabeza como que se me acelera y empieza a producir ideas sueltas, lo que en principio es una maravilla. Pero a la larga vaya y concrete algo.  Eso me ha pasado hoy y al final en lo que termina es en una mujer paralizada frente al computador con la mirada perdida y apoyando la quijada sobre la mano derecha. Mis compañeros de la oficina me ven ahí sentada en esa pose y juran que me estoy craneando la forma de cambiar el mundo.  Y muchachos: pues no… solo estoy en un desubique... Es confuso. Pero bueno: ES. Así que siempre el lado bueno: puedo jactarme de que mi cerebro aún no ha claudicado. Empiezo a pensar por ejemplo que estoy inspiradísima como para escribirles algo que valga la pena, y que hablé el otro día con un amigo de cómo podemos realmente cambiar el mundo, aunque realmente no sabemos si podremos, que la gente me pregunta que opina mi novio de las cosas que escribo y yo manifiesto orgullosamente que no solo lee mi blog y se lo goza, sino ...

TENGO UN GATO EN EL TEJADO

Llevo un rato en mi cocina escuchando como un gato camina sobre el tejado, sintiendo sus pasos y preguntándome por qué no sigue su camino, aunque en realidad lo que me gustaría es que entrara.  Cuchichié varias veces para ver si llamaba su atención, pero nada, no entra a mi cocina, y tampoco se va del tejado… Me tiene loca porque ni raja ni presta el hacha. Pero eso me gusta: él no entra porque no me conoce, desconfía, cuida de sí mismo, pero no se va porque quiere conocerme. Los gatos son lo máximo. Hoy en día en mi casa hay un perro. Él es muy lindo y muy querido (bueno, a veces muerde a las visitas pero que le hacemos) y confieso que me he encariñado con esa carita tan dulce que hace que uno se aguante el olor a perro. Pero lo cierto es que a mí me gustan más los gatos. Cuando tenía siete me regalaron uno. Cómo lo quise. Murió tres años después por las secuelas de las heridas consecuencia de pelea callejera, muy posiblemente por una linda gatita de dudosa reput...