¿INCAPACITADA O INCAPAZ? ESA ES LA CUESTIÓN…
Caer en la situación de que lo obliguen a uno a no ir a trabajar es como que lo obliguen a uno a comerse un chocolate. Son dos cosas deliciosas, pero nada en la vida sabe rico si te obligan. Llego a mi casa en el carro y pito, luego grito: “BAJA RÁPIDO, TE ESTOY ESPERANDO” . Mi hija me dice: “Mamá, es cerca, mejor caminemos” . Esta niñita, tiene toda la razón, aprovechemos para hacer ejercicio y contrarrestar este sedentarismo tan espantoso. Llegamos a la avenida, esperamos a que no pase un solo carro, vamos a cruzar y ¡ZAZ! Me caigo en un hueco que está justo al lado de la rampa para discapacitados (que cosas, ¿no?) y dos horas después el tobillo de mi pie derecho parece un panzerotti. Y uno de los buenos: bien rellenito. Me han dado una incapacidad por varios días y tengo un pie inmovilizado. Una contusión, más conocida en el argot popular como esguince ¿Qué será de mí? Dos días después estoy a punto de enloquecer. Entre el libro de turno (que está buenísimo pero es un ladrill...