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DE BLANCO ME VEO DEFINITIVAMENTE BIEN

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Me disculpo con los lectores de entrada por la falta de periodicidad, porque cogí la manía de aparecer cuando me da la gana. Y así será. Supérenlo. He estado trabajando en mi familia que se ha agrandado bastante. Eramos dos chicas y en menos de lo que canta un gallo resulta que somos cuatro: las mismas dos chicas (aunque más maduras, y sobre todo yo, porque mi hija sigue chiquitiquitiquitica) y dos nuevos chicos. El mayor que es el mismo, el de siempre, el de mis días felices, y también el de mis tusas; y el menor, que es nuevo en esto de vivir,  a pesar de que multiplica mi tiempo, también lo desaparce como por arte de magia, convirtiendo esta tarea de escribir en algo casi imposible. Pero aquí seguimos. Sigo con insomnio, migraña, un aburrimiento increíble por la sola idea de pensar en que algún día debería volverme hacendosa y en general arreglar mi casa y, por supuesto: mi gravísimo problema para gastarme con una rapidez increíble el poco dinero que me gano...

LO MÁS IMPORTANTE QUE HEMOS HECHO

Siempre he querido escribir sobre este tema sin que parezca un sacrilegio. Pero después de tres años de estar publicando mis notas he entendido que eso no va a pasar, así que qué caray, en algún momento hay que decir las cosas. Acabo de pasar por mi segundo embarazo. Del primero ya no me acordaba, obvio, sino no me metía en el segundo. Y eso es lo que nadie nunca nos dice, y si se habla del tema se habla en secreto. De las muchas mujeres con quienes he hablado, algunas pocas aseguran que realmente les ha gustado estar embarazadas. Las demás se dividen en dos grupos: unas no lo han estado y le tienen pavor, y otras se han arriesgado simplemente porque tener un hijo es un acto de fe y el sacrificio vale la pena en la medida en que el resultado va a ser lo más importante que hemos hecho. Yo entonces pertenezco a este último grupo: el de las embarazadas que se ahogan solo con levantarse de la cama, que vomitan hasta el último mes, que sufren de migrañas, agrieras, lumbagos, hin...

POR SI ME CREE, PUEDE EVITARSE LA VUELTA

Escribir un blog “no anónimo” es lo más difícil que he hecho en mi vida. Me he enfrentado a uno de los peores males sociales: el escarnio público. También es el mejor riesgo que he tomado y es uno de los negocios a los que más jugo le he sacado en toda mi vida, porque he aprendido con esto en carne viva algunos consejos prácticos que siempre se encargó el mundo entero de restregarme en la cara (hasta que lograron agrandarme la nariz) pero que la mayoría de la gente no sabe si son ciertos o no. Entonces hoy, verdades que muchos no saben si son ciertas o no y yo doy fe de que si lo son, por si me cree, puede evitarse la vuelta: NADIE VIVE DEL QUÉ DIRÁN: han dicho de mí hasta lo que no es cierto, y lo cierto es que no me he muerto. Entonces, es verdad. Cuando la gente empieza a hablar de uno, no es el fin del mundo. Y uno siente que sí. Pero la verdad es que no. Y dirán que estoy un poco   loca, y sí: si lo dicen, pero no. No lo estoy ni un poco,...

COSAS INÚTILES QUE UNO SABE

Hay cosas que uno sabe y que parecen importantísimas para la vida práctica, pero a veces me cuestiono si serán las que le quitan a la mayoría de la población el espacio en el disco duro para archivar la información realmente importante, a veces cosas que incluso si uno olvidara le iría mejor. Por ejemplo: 1.        No ir hasta la caja del banco hasta que la cajera no le grite “SIGA”. 2.        No combinar rojo con rosado. 3.        No intentar pasar por encima de todo el mundo para ir a sentarse en un bus repleto de gente de pie con una silla desocupada. Generalmente esa silla está vomitada. 4.        No sentarse en una silla caliente de bus porque le sale el famoso nacido . 5.        No tener sexo en la primera cita. 6.        No votar por alguien que no tiene carrera política. 7.  ...