LAS NIÑAS GRANDES NO LLORAN


No podemos llorar cada vez que no sale como queremos, con el novio (o novia), marido, el de turno, los papás, el jefe… en fin.

Nos hemos acostumbrado a las lágrimas, a arreglarlo todo con esas gotas de agua-sal que al son del dolor saben hasta bueno (saben a desahogue). 

Hace poco un buen amigo me decía: “te lo juro que yo no quería comprarle eso, me parecía una exageración! Pero tú sabes… ella comenzó a llorar, y… es imposible resistirse a las lágrimas de una mujer! Ustedes lo logran todo con eso”. A estas alturas me tomé el atrevimiento de indagar: “¿Siempre llora para convencerte de algo de lo que no estás seguro?” Yo me la paso haciendo preguntas obvias: me respondió que sí. Y le resumí lo que realmente pienso: ¡NO A LAS LÁGRIMAS! 

¿Qué producen las lágrimas de las mujeres  en los demás? Levanté la mano de primeras, yo respondo: ¡LÁSTIMA! ¡Pesar! ¡Ganas de hacer caridad! ¡Y caridad barata! Pienso sinceramente que las lágrimas las utilizan algun@s para lograr lo que quieren a punta de producir compasión en los demás cuando se encuentran faltos de argumentos, en pocas palabras, cuando se han encaprichado.

La lucha contra los caprichos propios es algo muy complejo porque muchas veces nuestros deseos se alejan de lo que realmente es bueno para nosotros (Gustavo Reyes Morris en “consejos para mi hija caprichosa”). En ese entendido, cuando alguien nos ha dicho a algo que no, viene todo ese proceso interno de intolerancia a la frustración, en donde nos preguntamos ¿y ahora que hago? Y una sabia amiga nos ha dicho: “ahí llore princesa que eso nunca falla”, y que en mi concepto debe ser definitivamente remplazado por la aceptación de que no siempre logramos lo que queremos. 

Pero sin alejarnos del quid de hoy: cuando alguien no quiere hacer algo por mí, o para mí, manipular la situación con lágrimas es volcar la voluntad de quien esté en frente para que haga algo de lo que no está convencido, y lo trágico del asunto no es que termine haciendo lo que yo quiero (esa es la parte buena). Lo trágico del asunto es:
1.       Que alguien hará algo en contra de su voluntad, a veces hasta de sus principios, y quedará con el sinsabor de haberme dado gusto en su detrimento, provocando reproches, resentimientos, angustias… en fin, deteriorando algo que podía haber sido una buena relación.
2.       Que la manipulación se convierte en un modo de vida (que patético…).
3.       Que todo comienza a girar alrededor de esas lagrimillas. Nos volvemos perezos@s y ya no trabajamos en argumentar nuestros deseos, cosa grave cuando nuestros deseos son algo realmente bueno para nosotr@s.

Sí a las mujeres (y bienvenidos aquí los hombres también) que lloran cuando sienten un nudo en la garganta (que no es necesariamente por tristeza: yo lloro cada vez que veo a mi hija tocar el violín). No a que las lágrimas logren cosas que otras personas no quieren hacer: es como… hacer trampa… y así el punto no vale, por lo menos para mí no es punto. Seamos niñ@s grandes.

POR: AVENTURERA

Comentarios

  1. Muy Grandes y todo , OJO pero nunca les saquen su billetera a ellos xq oing oing forever..prefiero llorar

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