DIARIO DE UNA ESPOSA POR AMOR QUE ADEMÁS TRABAJA


Me levanté pensando que soy afortunada: no tengo la gran tristeza de compartir la vida con alguien por necesidad. Lo hago por amor. Siempre he sido súper independiente porque el trabajo le da a uno eso, y me casé con ilusión de formar una familia y darme el lujo de ser esposa y trabajar al mismo tiempo sin descuidar ninguno de los frentes. 

Eran las cinco y media de la mañana y yo esperaba que el día alcanzara para todo. Como siempre. Levanté a mi esposo con un cafecito en la cama. A él le fascina y yo lo consiento, porque así se levanta sonriente. 

A las seis ya habíamos pasado por la ducha y nos vestíamos esperando vernos lo mejor posible. El niño tenía una cosa en el jardín que le dicen jean’s day y el tema era San Valentín, cosa que no sé qué significa… se supone que debes vestirte como… ¿enamorado? O como cupido… Pero es que hace cuatro meses logré que dejara el pañal… no voy a ponerle un pañal ni por el p… pa'que parezca cupido, de pronto confundo al pobre crio… Bueno, el caso es que se fue con lo que quería usar y con lo que se sentía bien: el disfraz de spiderman (que no tiene muy buen olor porque insiste en dormir con él puesto, pero que caray).

La ruta llegó y salimos corriendo para que se pusiera el abrigo… se ve tan lindo con ese abrigo… todo un caballerito chiquitico, no saben… me duele hasta pensar que dentro de poco no le quedará bueno y no lo veré más con ese abrigo. Después de pensar eso con los ojos aguados me doy cuenta de lo pendeja que soy, y me recojo las lágrimas, abro la puerta, le deseo feliz día y le digo que lo amo – como todas las mañanas y que nunca falte - y subo a terminar de arreglarme. 

Últimamente lloro casi todos los días, y no es hormonal: la regla va y viene cumplidísima pero el cochino nudo en la garganta parece que encontró hospedaje fijo en mi faringe (debe ser culpa de ese hueco en el que antes había amígdalas, porque todo está perfecto). 

A la camisa de mi esposo le falta un botón, así que corro al costurero, enebro la aguja y le pego su botón para que llegue de punto en blanco a la oficina. Yo llego sin peinarme porque perdí esos cinco minutos, pero que carajos, si no le pego el botón él no va a hacerlo.

En estos días hemos hablado de tener otro bebé. El hermanito… no queremos que el niño se quede solo. Pero ¿la verdad? En la noche cuando por fin estamos solos, a veces no tengo energía ni para bajarme los calzones. 

El sábado tenemos que viajar. No conseguimos tiquetes, tendremos que viajar los tres en el carro. Son siete horas si nos va bien, y debemos regresarnos el domingo. Este fin de semana pasaremos catorce horas en un carro. Podría quedarme en casa y organizar todo lo que tengo pendiente, mejor dicho: hacer oficio. También tengo que salir a trotar, llevo días posponiéndolo, pero es que los compromisos no lo permiten. Me gustaría llevar a mi hijo al circo, hace días que me está pidiendo que lo lleve… Pero es que mi esposo quiere que vayamos todos juntos para acompañarlo en la reunión que tiene fuera de la ciudad, y yo creo que eso lo hace feliz. ¡Ah! Que carajos, gocémonos el viaje por carretera y arranquemos con entusiasmo. Va a ser agotador, pero él me lo pidió.

Me preocupa haber llegado a esa etapa en que soy incapaz de decirle que no. Cuando me pide cualquier cosita es como si me calentara el oído y yo, que soy de hielo, con cualquier calenturita  me derrito y quedo untada encima de él. Pobrecito, debo ser tan empalagosa… es que realmente lo amo.

Se acabó el día, alcanzó para casi todo, y empieza el fin de semana. Estoy tan cansada… Nos levantamos a las tres y media de la mañana y no hemos parado. Pero tenemos que llegar. Tenemos que acompañarlo a su reunión. El niño ha dormido casi todo el viaje. De repente se despierta, canta un poco, nos hace reír y se duerme nuevamente. Que bien. Porque es que el niño a veces llora y a él le molesta, y con lo cansados que estamos no quiero que se moleste. Es una mala combinación.

Yo no dormí en el camino porque no quiero que él piense que soy un mal copiloto. Al final manejé la última hora de viaje para que mi esposo pudiera dormir un poco. Los ojos casi se me cerraban, pero sabía que él necesitaba descansar así que no lo desperté y seguí manejando. Después me dijo que soy una irresponsable por manejar así. Tiene razón. Lo que pasa es que quería que él llegara cumplido y descansado a su reunión. 

Logramos cumplir con su compromiso y además me llevó a ver a mi familia que está cerca. Es que él es muy bueno. Con lo cansado que estaba y me llevó hasta allá. 

Hizo mala cara toda la mañana, toda la tarde, y durante la comida. Pero está tan cansado… Es que en serio, insisto: nos levantamos a las tres y media de la mañana. Yo tuve que asistir a esta reunión con la que no estoy de acuerdo, y luego estuve en ese lugar en el que nadie me habla (siempre que lo acompaño a esos eventos es así: yo intento integrarme, pero nadie me habla, y no me importa, porque lo que importa es acompañarlo), se me cerraban los ojos. 

Miraba a otras parejas mucho más viejas que nosotros besándose en la boca, sonriendo, y comentando lo bien que había salido todo. La verdad los miraba con envidia. Pero que le hacíamos, la única forma de llegar al evento era levantándonos a esa hora, y mi esposo… no es que no me quiera, es que como estamos cansados, él hace mala cara… es normal. Le pedí que disfrutáramos un poco porque era muy corto el viaje y el esfuerzo de manejar todas esas horas era demasiado como para pasarla mal. Se quedó callado, pero después me tomo de la mano (y yo casi me derrito… tan lindo). Igual creo que la embarré pidiéndole que cambiara la cara. Tal vez era demasiada presión para él.

Al fin llegamos a las once y media de la noche al hotel para descansar. Dormimos más de lo planeado. Él quería levantarse temprano el domingo pero no puso el despertador, así que se levantó rabiando. Yo pensaba en principio que teníamos que dormir lo suficiente para descansar bien y poder manejar otras siete horas de regreso. Pero que burra soy, debí haber puesto el despertador yo, porque es que él, pobrecito, ellos no piensan en esas cosas, y gracias a mi dios lo tienen a uno. En serio, que burra, hubiera puesto el despertador, preparo algo de desayuno y lo levanto con el cafecito en la cama, como a él le gusta. Ahí sí que se hubiera levantado de buen genio, y de pronto me habría dado un beso. Y yo que soy tan fuerte, que soy de hielo… me habría derretido.

Salimos a hacer las últimas vueltas posibles antes de volver a esta avasalladora ciudad, y antes de salir terminé de embarrarla:

Yo: ¿Qué te pasa?
Él: ¿Por qué?
Yo: Porque me miras mal, me haces mala cara…
Él: Mentirosa. Ni siquiera te estoy mirando.
Yo: ¡Exacto! ¡Ni siquiera me miras! ¿Puedo saber qué te hice?
Él: Es que estoy presionado, tengo mil cosas que hacer antes de devolvernos y además toca llevarte a ir a ver a tu familia.
Yo: claro que tenemos que ir, dejamos allá al bebé, así no queramos tenemos que ir a recogerlo. Te recuerdo que la idea de dejarlo allá fue tuya.
Él: no me vengas con esas manipulaciones, tú eras quien quería ver a tu familia.

El caso es que yo armé esta pelotera tan fea. Él tenía toda la razón, el motivo del viaje era su reunión y yo me aproveché de las circunstancias y lo hice perder tiempo en la comida esa, y terminé amargándole lo último que quedaba de nuestro paseo. Lo provoqué tanto que terminó confesándome que no quería que lo acompañara, y que me había invitado porque sabía que si no lo hacía yo iba a molestarme. Y entonces pasa esta verdad tan horrible en frente de mis ojos: me convertí en una de esas viejas jodonas que arma problema por todo. Y con ese hombre tan bueno… que bruta.

¿Saben qué es lo peor? Que después cuando ya regresábamos y el calvario al fin había terminado, él me pidió perdón, nunca supe por qué, porque la que la embarró fui yo, y además no fui lo suficientemente condescendiente cuando él agachó la cabeza, así que se molestó de nuevo y en la noche prácticamente ni me deseó las buenas noches. Es que yo tenía rabia, y no sé por qué. Es que soy muy bruta.

Pero eso no importa. Dormí bien anoche, descansé, y hoy me levanté otra vez pensando que soy afortunada: no tengo la gran tristeza de compartir la vida con alguien por necesidad. Lo hago por… ¿Por qué era?

POR: AVENTURERA

Comentarios

  1. Que buen mensaje!!!
    Y que harías si te pasara como a mi???
    Después de 27 años no se por que permanezco aún. Tengo mi independencia (así que no es por necesidad), no estoy enamorada (así que tampoco es por amor), no tengo niño chiquito que requiera la orientación y compañia de un padre (tampoco es un poco de sacrificio por mi hijo), No tenemos temas en comun para compartir, no tiene buen humor y ni siquiera es una buena compañía- HACE MALA JETA TODO EL TIEMPO (JA JA JA). Ummmm?? baílame ese trompo en la uña? YO SI QUE SOY BRUTA!!!! JA JA JA

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

¡TU OPINIÓN ES MUY IMPORTANTE! INSERTA AQUÍ TU COMENTARIO

Entradas populares de este blog

YO TE AVISO

MI DEPRESIÓN Y YO

¿PORQUÉ ME DEJÉ VER LOS CUCOS ANTES DE TIRARME POR EL RODADERO?

VALÓRATE UN POCO

YO NO ME HARÍA LA KERATINA