YO SIGO SIENDO UNA PERSONA, Y ¿USTED?
Soy mujer, heterosexual, mamá, divorciada y vuelta a
ennoviar (varias veces), agnóstica, empleada, estratificada, calificada y
descalificada, manejo, monto en bus y en transmilenio (sí, me han robado),
quiero un compañero para toda la vida, necesito mi espacio, controlo mi vida,
especialmente cuando para los demás está fuera de control, y me gusta de vez en cuando dejar que se me salga de las manos, creo en las
libertades individuales, en la propiedad privada y en la intervención social
del estado.
Puedo subir, bajar y modificar como quieran todas estas
circunstancias, y sigo siendo una persona. Sigo teniendo derecho a enfurecerme
con esta ciudad, con mi novio y con mi jefe. Sigo siendo una persona. Y no
entiendo por qué para las personas es tan difícil percibir que los demás son
igual de personas. Pareciera mal redactado, pero no: hay personas que no
entienden eso de la igualdad de las personas. Pareciera redundante, y sí.
Tanta información apuntándome a veces me desconcentra en vez
de enfocarme. A una viejita la empaló su nieto la semana pasada (o eso parece),
los alcaldes de los municipios niegan problemas sociales como la prostitución y
la trata de personas resguardados en la calentura de sus habitantes féminas, y los
concejales de la capital solo se
juntan con mujeres heterosexuales (me imagino que por si les dan ganitas de
hacerles la vuelta, porque para un asquerosillo de estos ¿para qué más
serviremos las mujeres?).
Todo está hecho al revés, y yo solo puedo pensar en Solo los tontos creen en el amor (Marta
del Riego Anta), una novela que me leo para olvidarme de que toda esta gente
misógina me roza los hombros a diario en el bus, se sienta en el escritorio del
lado, me dicta clases y me hace sentir bonita con un silbido en la calle cuando
me pongo falda, y no se… me gusta olvidarme de que los tengo tan cerca.
A las 5:50 a.m. pasa la ruta de mi hija a recogerla, y yo
siento que desde esa hora y hasta las 5:30 p.m. que vuelvo a estar con ella,
simplemente se la escupo al mundo, la boto a esta realidad, no sé si esperando
que ella pueda defenderse, o en ir cambiándolo un poquito en esas casi doce
horas para reencontrarme con ella en otra realidad milimétricamente mejorcita por
la tarde . A veces solo imploro
porque no le haya sucedido alguna atrocidad en ese lapso y me la devuelvan
igualitica.
¡Sí! Necesito pensar que es más importante creer en el amor,
porque yo soy una de esas tontas que creen en el amor, y auto convencerme de que, a pesar de los trogloditas con los que lidio a
diario, en casa me espera mi familia. Mi familia, esa que hemos construido de a
poquitos para ir logrando tener un lugarcito merecido cada uno, y no alguna en
la que cada uno ocupa el lugar que le tocó según su género, la religión obligadamente compartida y, por
supuesto, el concejal por el que votó.
Me da escozor escuchar hablar a la gente de su familia como si fuera
normal, sobre este menosprecio
permanente que se siente por el género contrario. Digo con tono lamentable que se escucha a hombres referirse a fieras y brujas por hablar de la madre de sus hijos, y con otro más lamentable aún, a una mujer aconsejar a otra el perdón de un engaño por años, porque esos animales solo piensan con la cabeza que tienen entre las piernas. Yo quiero insistir: ¿y el amor? ¿y las personas?
¡ESTO ES UNA LOCURA! Me siento como en el siglo XVI cuando
la iglesia católica discutía sobre si las mujeres tenemos alma o no… En pleno
siglo XXI convenciendo a la gente de que no somos hombres ni mujeres ni niños
ni LGBTI ni blancos ni negros ni católicos ni musulmanes ni nada, sino gente,
soy una persona. ¿Y usted?
POR: AVENTURERA
Regio escrito, como siempre, gracias por estos minutos de distraccion.
ResponderEliminarNoooooo, genial como siempre...cada que los leo hay muchisimmma reflexión...Gracias.
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